De la salud cardíaca a la cognitiva: los beneficios de pasear al perro que la mayoría desconoce
Un paseo con correa puede valer más que una hora en el gimnasio, según el investigador Ingo Froböse, profesor emérito de Ciencias de la Prevención y Rehabilitación en la Universidad Deportiva Alemana de Colonia.
Los dueños de perros caminan más y desarrollan una mejor salud cardiovascular, inmunitaria y emocional, siempre que elijan al animal correcto. Así lo explicó en una entrevista publicada por el semanario alemán Der Spiegel.
La advertencia de Froböse es concreta: la raza importa. Los paseos con perros pequeños suelen hacerse a un ritmo tan lento que “apenas tienen efecto sobre el sistema cardiovascular”. En cambio, los perros pastores y los lebreles exigen un esfuerzo constante, mientras que labradores y golden retrievers “suelen ser perros bastante pausados” y no generan el mismo estímulo.
La investigación que el propio Froböse dirigió —una tesis doctoral sobre los hábitos de ejercicio de los dueños de perros en Alemania— reveló además una correlación entre la forma física del dueño y el tipo de animal que elige.
Las personas en buena condición tienden a adoptar perros que les exigen mayor actividad, mientras que quienes llevan una vida sedentaria prefieren razas que requieren menos cuidado físico. El patrón, según el investigador, se retroalimenta en ambos sentidos.
Más allá del esfuerzo físico directo, los beneficios se extienden a otros sistemas del organismo. Der Spiegel, semanario alemán, recoge que Froböse atribuye a los paseos con perro un incremento del flujo sanguíneo al cerebro de hasta un 30%, además de una mayor activación del sistema inmunitario por la exposición continuada a condiciones climáticas variadas —viento, frío, calor, sol—.
“El cuerpo aprende a termorregularse mediante la exposición regular”, señaló el investigador. Otros estudios citados en la entrevista, como el publicado en el Journal of Physical Activity and Health por investigadores de la Universidad Estatal de Michigan, indican que los dueños de perros que sacan a pasear a sus mascotas tienen un 34% más de probabilidades de cumplir los niveles de actividad física recomendados, y un 69% más de probabilidades de realizar cualquier actividad física de ocio, en comparación con quienes no tienen perro. Los autores no pudieron establecer con certeza si el animal es causa o factor contribuyente.
Una investigación más reciente, publicada en noviembre de 2024 en PLOS ONE por investigadores del Reino Unido, aportó un matiz: los dueños de perros realizan más actividad física tanto con su mascota como de forma independiente, pero es la actividad que hacen sin el animal la que se asocia con menores niveles de depresión, ansiedad y soledad.
El estudio, que involucró a 1.210 participantes, concluyó que no debería alentarse universalmente la tenencia de perros como estrategia de salud mental basada únicamente en el incremento de movimiento físico.
El impacto en la salud mental y el vínculo social

La salud mental es otro de los ámbitos en los que el perro marca diferencia. Froböse apunta a la soledad —“un problema cada vez mayor en nuestra sociedad”, en sus términos— como uno de los ámbitos donde la presencia de un animal puede ser incluso más valiosa que la actividad física.
“Para muchas personas, apenas hay diferencia entre estar cerca de una persona, un perro o un gato. Anhelamos el calor y la cercanía física”, afirmó en declaraciones a Der Spiegel, semanario alemán. A esto se suma el efecto social: los perros funcionan como catalizadores de interacción entre desconocidos. Un estudio publicado en Anthrozoös concluyó que quienes pasean con perros reciben sonrisas con mayor frecuencia que el resto de los peatones.
La entrevista también aborda los riesgos para quienes retoman la actividad física de forma abrupta. Froböse advierte que el sistema musculoesquelético, tras un periodo prolongado de inactividad, necesita entre cuatro y seis meses para adaptar tendones y ligamentos al ejercicio regular.
Las lesiones por sobreesfuerzo en el tendón de Aquiles y los problemas de codo —similares a los del tenista o el golfista— son los más frecuentes en quienes sacan a pasear perros de gran fuerza sin la técnica adecuada.
Cómo adaptar el paseo para que funcione como ejercicio

Para quienes busquen optimizar la rutina sin transformarla en un entrenamiento formal, el investigador sugiere incorporar intervalos durante el paseo: alternar trote ligero con caminata cada cinco minutos, o buscar zonas con pendiente.
También recomienda sincronizar la respiración con un ritmo de cuatro inhalaciones y cuatro exhalaciones, lo que, según explicó a Der Spiegel, semanario alemán, “suele generar una respuesta cardiovascular suficiente para lograr un efecto de entrenamiento”.
Precauciones para evitar el golpe de calor en el animal
Sobre los perros, Froböse advierte que los animales no regulan su temperatura corporal con la misma eficiencia que los humanos. Por eso recomienda que las sesiones de actividad intensa se realicen por la mañana, cuando el aire es más fresco, y que el animal tenga acceso permanente al agua antes y durante el ejercicio.
Ante señales de agotamiento por calor —jadeo forzado, lengua muy extendida, inquietud— la indicación es detener el movimiento de inmediato, buscar sombra y permitir que la temperatura del animal baje gradualmente.
Un estudio piloto publicado en abril de 2026 en PLOS ONE por investigadores escandinavos evaluó un programa de ejercicio conjunto entre dueños y perros —que incluía trote y circuitos al aire libre— y encontró que los participantes aumentaron su actividad física de alta intensidad en cinco minutos diarios y redujeron el tiempo sedentario en 41 minutos por día.
Los autores señalaron que los dueños de perros ya partían de niveles de actividad superiores a los recomendados por los organismos de salud internacionales, y que la integración del paseo en la rutina diaria lleva a subestimar el ejercicio real que realizan.


