
Dormir mal puede disparar la presión arterial: qué cambios ayudan a reducir el riesgo
La hipertensión arterial, conocida comúnmente como presión alta, es una condición médica caracterizada por el aumento sostenido de la presión que ejerce la sangre contra las paredes de las arterias. Esta enfermedad afecta a millones de personas en todo el mundo y representa uno de los principales factores de riesgo para el desarrollo de complicaciones cardiovasculares, como infartos, accidentes cerebrovasculares e insuficiencia renal.
Se mide en milímetros de mercurio (mmHg) y se expresa mediante dos valores: la presión sistólica, que corresponde al momento en que el corazón se contrae, y la diastólica, que se registra cuando el corazón está en reposo entre latidos.
Se la considera como una enfermedad “silenciosa”, ya que la mayoría de las personas no presenta síntomas evidentes durante muchos años, lo que dificulta su detección temprana. En algunos casos, pueden aparecer signos como dolores de cabeza, mareos, visión borrosa o sangrado nasal, pero estos suelen manifestarse cuando la presión ya se encuentra en niveles peligrosamente altos. Por este motivo, la única forma fiable de identificarla es mediante mediciones periódicas de la presión arterial con equipos adecuados y supervisión médica.
La detección oportuna permite iniciar estrategias de control y reducir el riesgo de complicaciones graves asociadas a esta condición.
Cómo la falta de sueño aumenta la presión arterial
La relación entre la falta de sueño y la presión arterial elevada ha sido ampliamente documentada en la literatura médica reciente. Según la Cleveland Clinic, durante el descanso el cuerpo experimenta un descenso natural de la presión arterial, conocido como “descenso nocturno”, que resulta esencial para la buena salud cardiovascular.
Cuando no se duerme lo suficiente, ese descenso no se produce de manera adecuada, lo que puede traducirse en un aumento de la presión arterial tanto durante la noche como al día siguiente.
La evidencia científica, como señala una revisión publicada por Elsevier, muestra que la privación de sueño activa mecanismos fisiológicos que favorecen la hipertensión. Entre estos mecanismos se encuentran el aumento de la actividad del sistema nervioso simpático, la elevación de los niveles de cortisol y alteraciones en el metabolismo de la sal y el agua. Estos factores contribuyen a una mayor resistencia en los vasos sanguíneos y dificultan el control de la presión arterial, incrementando el riesgo de desarrollar hipertensión tanto en el corto como en el largo plazo.
Por otro lado, la American Heart Association indica que en adolescentes la combinación de insomnio y menor duración del sueño puede multiplicar hasta por cinco las probabilidades de padecer hipertensión clínica. En adultos, el riesgo también aumenta de manera significativa: según Harvard, dormir menos de seis horas por noche o tener problemas frecuentes para conciliar el sueño eleva la probabilidad de desarrollar presión arterial alta en comparación con quienes mantienen hábitos de sueño regulares.
Las recomendaciones de los expertos señalan que las personas mayores deben dormir entre siete y nueve horas por noche para mantener una presión arterial saludable y reducir el riesgo de hipertensión. Mantener un horario de sueño regular y lograr un descanso suficiente permite que el cuerpo regule adecuadamente los mecanismos que controlan la presión arterial, favoreciendo la salud cardiovascular a largo plazo.
Qué hábitos reducen la presión arterial, además de un buen descanso
- Mantener un peso saludable. Según la Mayo Clinic, perder el exceso y vigilar la circunferencia de la cintura contribuye a reducir la presión arterial y disminuir el riesgo cardiovascular.
- Realizar ejercicio de forma regular. La actividad física aeróbica durante al menos 30 minutos la mayoría de los días ayuda a bajar la presión arterial. Caminar, nadar o andar en bicicleta son opciones recomendadas por la clínica estadounidense.
- Seguir una dieta balanceada. Adoptar un plan alimenticio rico en frutas, verduras, granos integrales y lácteos bajos en grasa, como la dieta DASH, contribuye al control de la presión arterial. Limitar el consumo de grasas saturadas y colesterol también es fundamental, según la American Heart Association.
- Reducir el consumo de sal. Limitar la ingesta diaria de sodio a menos de 2.300 miligramos, y preferentemente a 1.500 miligramos, puede bajar la presión arterial de forma notable. Es recomendable evitar alimentos procesados y leer las etiquetas, tal como sugiere la Mayo Clinic.
- Evitar el consumo excesivo de alcohol y dejar de fumar. Los excesos elevan la presión arterial y el tabaco causa daño vascular. Reducir o eliminar ambos hábitos ayuda a mejorar la salud cardiovascular, según recomendaciones de expertos de la clínica.




La soja santiagueña se encamina a una cosecha histórica pese al ajuste en las proyecciones

El girasol apunta a un nuevo récord: proyectan 3 millones de hectáreas para la campaña 2026/27

Descubren un gen clave que podría aumentar el rendimiento del tomate y mejorar los cultivos del futuro

BCRA: el oficialismo busca sancionar en diputados la reforma antes de fines de agosto




